Divisó de lejos su casa y sintió un gran alivio, hacía frío y estaba deseoso de llegar y sentir el calor de la planta baja, caldeada por la fragua que se comunicaba con la cocina. No obstante tendría que justificar a su madre la tardanza. Al salir de la casa parroquial, se había entretenido jugando con Manel y Pera. Le habían retado a hacer puntería con el tronco de un árbol. No era una ocasión para despreciar, ya que raramente contaban con el. Galio era un chico sociable por naturaleza, pero los chiquillos del pueblo solían burlarse de él por su aspecto diferente, ocasión que su hermano Pep no despreciaba. Esta vez estaba solo y pudo disfrutar del juego.
Nada más entrar Agnes le espetó.
_¿De donde vienes? Estas no son horas, ya es de noche.
_Madre mossen Anselm me ha hecho estar más rato y..., también he estado jugando, pero muy poco rato con Pera y Manel.
Agnes lo miro con pena, sabía de sus problemas con los chavales del pueblo y de los celos de su hermano. Muchas veces la mujer se preguntaba si había hecho bien. Normalmente no se andaba con sensiblerías, a fin de cuentas la vida no era fácil para ellos, pero se sentía culpable de que Galio estuviera allí, a fin de cuentas era ella la que había convencido a su marido para que el niño se quedase. _"Una carga más"_ Decía siempre Sebastiá. A lo que ella respondía _"Unos brazos más cuando sea mayor, a fin de cuentas sera un hombre"_
Galio era un niño sensible y despierto, percibía estas sensaciones respecto a el, pero no podía comprender su significado, algo que aún lo hacía sentirse más aislado.

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